A 44 años de Malvinas, Adrián Sosa: “No perdimos las convicciones de nuestros reclamos”
En el marco de un nuevo aniversario de la Guerra de Malvinas, el veterano de Ramallo, Adrián Sosa, compartió su testimonio en Radio Meta, con un relato profundo, cargado de memoria, reflexión y emoción sobre lo vivido y lo que dejó el conflicto.
El paso del tiempo y el significado de la guerra. “Estamos, ¿cómo decirte?, 44 años más viejos y con quizás un poquito más de razonamiento, de poder masticar la situación y todo lo demás que nos pasó. Por ahí leí algo que es cierto: perdimos una guerra, pero lo que no perdimos fueron las convicciones de los reclamos que tenemos ante Inglaterra».
El crecimiento del sentimiento en la sociedad. «Lo que yo he notado es que, a medida que va pasando el tiempo, el sentimiento en el pueblo se aumenta. Es como que realmente vamos tomando cada vez más conciencia de lo que es Malvinas y de lo que fue la gesta de Malvinas, de la recuperación. Eso es muy gratificante para el veterano, no importa si tenía jerarquía o no, ni el lugar donde viva. En un conflicto bélico, ante la caída de una bomba, no importa qué jerarquía tengas o qué edad tengas».
Sus inicios y llegada a la guerra. «Cuando fui a Malvinas tenía 19 años. Era mecánico aeronáutico, estaba haciendo la carrera militar. Había terminado la instrucción en la escuela militar y llego de pase a la tercera escuadrilla aeronaval de caza y ataque, dentro de la aviación naval. Nosotros embarcamos en el portaaviones 25 de Mayo y salimos a navegar con la flota. Nos llamó mucho la atención que saliera toda la flota completa».
El anuncio que marcó el inicio del conflicto. «El 31 de marzo, el comandante del portaaviones habló por los altavoces y nos dijo que estábamos haciendo historia, que íbamos a recuperar nuestras Islas Malvinas. Nadie tenía ni siquiera noción exacta de dónde estaban. Y nos vimos envueltos en el conflicto hasta que hundieron al crucero General Belgrano y la flota volvió a puerto».
El traslado a las islas y su rol en Puerto Argentino. «Después nos trasladaron a Río Grande, y desde ahí pidieron voluntarios para ir a Puerto Argentino. Yo me ofrecí, también porque era el más nuevo. Llegamos y estuvimos esperando aviones que nunca aterrizaron, y tres días antes de la rendición nos mandaron de vuelta al continente».
El impacto de vivir la guerra en primera persona. «Cuando llegamos, Puerto Argentino ya estaba siendo sitiado, con bombardeos navales muy intensos, sobre todo sobre el aeropuerto. Ahí sí viví la guerra en primera persona, con todo, con la alegría y con las miserias de la guerra».

El hundimiento del Belgrano y el golpe de realidad. «El momento en que realmente caímos en la realidad fue cuando hundieron el Belgrano. Yo tenía 19 años, y a esa edad la muerte no entra en tus cálculos. Pensás que se muere el viejo o el enfermo, pero no vos. Cuando nos enteramos del hundimiento, empezamos a pensar en compañeros que podían estar ahí, y ahí caés en la realidad, en la pesadumbre de la realidad».
La comunicación con la familia en tiempos de guerra. «La comunicación con la familia era muy difícil. Era por carta, y muchas veces llegaban tarde o con partes tachadas, porque estaban visadas por censura naval. Leías apenas una parte de lo que te escribían».
Las pérdidas y el dolor dentro de su escuadrilla. «De mi escuadrilla, de los que fuimos voluntarios, quedaron dos compañeros, y también cuatro pilotos. Eso golpea mucho. Y también daba mucha bronca ver cómo trataban los cuerpos de los fallecidos».
La rendición y los sentimientos encontrados. «Cuando nos enteramos de la rendición, fue un sentimiento de mucha bronca. Bronca contra el enemigo, pero también contra los propios. Es como leer el diario del lunes, preguntarse por qué no se hicieron otras cosas».
El peso del recuerdo con el paso de los años. «Hoy, después de tantos años, pesa el recuerdo de todas esas vidas que quedaron truncas, y también haber visto cosas que no te gustaron. Pero, como contrapartida, me queda la satisfacción de saber que yo di todo, no me guardé nada, y por eso no estoy resentido».
El reconocimiento social y el mensaje a las nuevas generaciones. «El agradecimiento de la gente se multiplica con el tiempo. Y también es muy importante poder contar la historia a los chicos. Pero siempre digo que hay que ser cuidadoso con la semilla que uno planta: el sentimiento por Malvinas hay que alimentarlo, pero la recuperación tiene que ser por vía pacífica, no por la vía armada”.

